Big data, computación en la nube, 5G, automatización, IA …Todas estas palabras tienen algo en común: las personas y los datos.
Sí, toda la terminología que gira a tu alrededor está construyendo una nueva forma de entender tu vida como ciudadano, consumidor, trabajador o empleador, y no es algo pasajero: va a requerir por nuestra parte una capacidad muy grande de adaptación a los cambios, mucha inteligencia emocional para afrontar escenarios de incertidumbre y una actitud constante de aprendizaje.
Un cambio muy profundo a nivel cultural y de mentalidad para las personas cuyo escenario ya estaba previsto desde hacer tiempo atrás. Bienvenido a la revolución digitaL. El nuevo mundo caracterizado por una palabra clave: la resiliencia.
Para todos ha sido evidente que tras la pandemia de coronavirus (covid-19) se aceleraron una serie de cambios: Teletrabajo, teleasistencia, gestiones bancarias online, compras online, consumo de contenidos en plataformas (Netflix, amazon, spotify, podcast, juegos…), uso de redes sociales y apps, educación a distancia, comunicaciones online… En general, un uso tecnológico como nunca antes, para manejar la incertidumbre, sentirse menos solo y sobrellevar el estrés de la situación.
Algunos de nuestros familiares -especialmente los más mayores- adquirieron destrezas digitales básicas que nunca antes habían tenido necesidad ni interés por aprender. Vivíamos aislados, pero más conectados que nunca…por lo menos a internet. La transformación digital impulsada de golpe.
¿Y qué es la transformación digital?
La mayoría de las definiciones asocian la palabra al mundo de la empresa, pero, en realidad, en el momento en el que todos hacemos uso de las tecnologías de la información y comunicación en nuestro día a día ( uso de ordenadores, software, automatización de procesos, computación en la nube, robots, dispositivos tecnológicos, apps…), estamos generando pasos en dirección a esa transición al mundo digital.
Las empresas llevan tiempo creando sus páginas web; mejorando sus formas de relacionarse con el cliente vía online; utilizando software específico para poder ser más productivas y eficientes (ofimática, software de gestión de proyectos, automatización de procesos, asistentes viartuales…); adaptando sus procesos de trabajo e información a un formato digital; completando su marketing tradicional con una vertiente digital…en definitiva, utilizando la tecnología para optimizar su actividad, reducir costes, aumentar la respuesta de los servicios y, supuestamente, mejorar la experiencia del cliente.
Esto tiene un impacto directo en el rol que jugamos las personas en sociedad: seamos clientes, empleados, empresarios, productores, proveedores o consumidores de productos y/o servicios, en general, todos vamos a pasar por una transformación digital constante. Renovarse o morir. O desarrollamos una buena gestión emocional y desarrollamos una mentalidad de adaptación al cambio y aprendizaje permanente o el futuro pinta complicado tanto para las empresas como para los trabajadores. Por eso, la adquisición de competencias digitales son una de las prioridades de la agenda política europea y los estados miembros (pero no de ahora, sino desde hace mucho tiempo).
La transformación digital no es una opción, porque está ligada a una idea muy importante: el desarrollo de la economía digital, donde los datos que todos generamos con el consumo de las tecnologías digitales, sean de la forma que sean ( la elección de una peli en Netflix, ya genera datos sobre tus gustos, por ejemplo), sirven para afinar esa oferta y esa demanda de productos y servicios…entre otras muchas cuestiones que iremos aprendiendo juntos en este blog.


